Hay países que han perfeccionado de tal forma, la Democracia, que a cambio de un poder legislativo, tienen dos.
Uno, de carácter constitucional, es elegido con los votos del pueblo; el otro, es nombrado por las corporaciones. El primero, generalmente realiza audiencias públicas, antes de proclamar nuevas leyes. El otro, las corrige a puerta cerrada.
Se calcula, en el caso de los Estados Unidos, están registrados oficialmente 12.000 cabilderos, que constituyen el Congreso en la sombra. Tal cifra significa que hay 22 cabilderos, en promedio, por cada uno de los 535 miembros del Congreso. Muchos de los cabilderos, son excongresistas y exfuncionarios del gobierno. Para el 2023, el 40 por ciento de los representantes a la Cámara, y el 60 por ciento de los senadores, se habían convertido en cabilderos.
La nómina de cabilderos pagada por las empresas locales y algunos gobiernos extranjeros, se estimó para el año pasado en US$4.500 millones.
Entre las industrias que más gastan en esta materia, se cuentan las farmacéuticas y productos de salud; las grandes tecnológicas digitales; las compañías de seguros; las empresas de electricidad; los gremios empresariales, y las empresas de petróleo y gas.
De esa forma, no hay Ley que no obtenga el visto bueno de dichos actores, antes de que el Ejecutivo, le estampe su firma.
De ahí que, el ejercicio democrático del voto popular, no sea más que una rutina, de cada dos y cuatro años, donde millones de habitantes de un país, creen que están eligiendo a quienes representarán sus necesidades e intereses, al momento de tramitar nuevas normas, tributarias, ambientales, de salud y protección social, etc.etc.
Por lo que se ve, tienen más poder esos 12.000, que el pueblo entero. Es, sin duda, otra virtud de la Democracia.
E-duque.net
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