La costa es una laboratorio abierto de la física, que revela desde los secretos de la energía planetaria hasta la mecánica microscópica.
Por ejemplo, las olas brillantes en el atardecer, no son producto del reflejo del sol, sino producto de la presencia de dos elementos contenidos en microorganismos acuáticos, que contienen compuestos de luciferina y luciferasa, los mismos que iluminan las luciérnagas.
Así lo describe el profesor de Física, Arnold Mathijssen, de la Universidad de Pensilvania, al explicar múltiples secretos del océano, entre los cuales distingue 4 tipos de olas. El primero, corresponde a las generadas por el viento, que van desde pequeñas ondulaciones hasta marejadas ciclónicas.
Por encima de estas, se formas las olas de marejadas que pueden viajar miles de kilómetros, son predecibles y sobre ellas envían señales las boyas y aplicaciones móviles;cuando concurren desde distintas direcciones producen olas gigantes.
En tercer lugar, se ubican los tsunamis, que contienen enormes cantidades de energía, en una sola ola, que puede extenderse por kilómetros. Luego están las mareas, del tamaño del Planeta, provocadas en su mayor parte por la fuerza de atracción de la Luna, y la contribución de el Sol, creando dos crestas que recorren el globo, a medida que la Tierra gira sobre su eje.
Por eso, señala el científico, las olas no se pueden detener, solo se pueden calmar; de ahí que, los mejores rompeolas, no son los diques artificiales, sino los arrecifes y la vegetación costera, creados por la naturaleza.
Fuente: Universidad de Pensilvania
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